Relacionarse de forma sana con las redes sociales: el reto del siglo XXI

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Las nuevas tecnologías han llegado para quedarse. El avance que a cada minuto supone el desarrollo de una nueva aplicación para facilitarnos algo más las tediosas tareas del día a día o para ponernos en contacto con lo que nos entretiene, ha hecho que estas nuevas tecnologías hayan revolucionado completamente el mundo en el que vivimos. Aunque es innegable que todos y cada uno de nosotros nos beneficiamos de las innumerables ventajas derivadas de esta revolución tecnológica, la nueva situación a la que nos enfrentamos plantea sin duda grandes cambios en materia psicológica: desde la forma que tenemos de vernos a nosotros mismos, la forma de relacionarnos con los demás o la forma de ver y entender el mundo.  

El impacto psicológico de un uso inadecuado de las redes sociales

“Lo quiero ahora, rápido y fácil. Si no, no lo quiero”. Una de las principales ventajas de las redes sociales es la gran accesibilidad que ofrecen a infinidad de contenidos de forma inmediata con el único coste de mover un dedo. Es un hecho que uno de los pilares fundamentales que mueven al ser humano es la curiosidad. Si añadimos a ésta la rapidez con la que podemos acceder a contenido ilimitado, a corto plazo disfrutaremos enormemente de la experiencia. Sin embargo, fuera de la pantalla la vida funciona de otro modo. Sabemos, por experiencia, que la mayoría de proyectos, relaciones y objetivos a medio y largo plazo requieren de tiempo y esfuerzo y que, hasta que podamos disfrutar del resultado, tenemos que persistir y anticipar las consecuencias positivas que se derivan de esta espera. Esta divergencia entre la ardua espera de la vida real y la infinita accesibilidad de las redes sociales puede favorecer que, en una sociedad donde actualmente es complicado que en un grupo de amigos no haya alguien con un teléfono, se dejen de poner en práctica habilidades tan beneficiosas para nosotros a nivel psicológico como la tenacidad, la persistencia y tolerancia a la frustración. Todas ellas, sin duda, no tan agradables a corto plazo pero necesarias para lograr infinitud de metas que nos harán felices a largo plazo.

La ventana del mundo feliz. Todos buscamos en mayor o menor medida construir una buena imagen, tanto para nosotros mismos como para las personas que nos rodean. Esto, lejos de ser algo negativo, puede ser el impulso que nos haga mejorar día a día y esforzarnos por llegar a ser lo que queremos ser en diferentes ámbitos de nuestra vida. Como seres sociales que somos, una de las estrategias que utilizamos para conseguir ser mejores cada día tiene que ver con observar cómo el resto actúa para conseguir las cualidades o resultados que estábamos buscando conseguir. Por ejemplo, si queremos ser actores de teatro, tendremos primero que fijarnos en quiénes son los más talentosos, informarnos de cuál es la formación más adecuada e intentar averiguar cuáles son los medios para ir haciendo currículum en ese mundo tan concreto. Una de las novedades que han supuesto las redes sociales es la creación de una “imagen virtual”. Es decir, si queremos saber, ver o indagar en la vida de una persona, sólo con abrir una aplicación y buscar su nombre podemos acceder a esta imagen y hacernos una idea más o menos ajustada de cómo vive, se relaciona y se divierte dicha persona. Precisamente por lo artificial de poder seleccionar la o las partes que mostramos en las redes, es un hecho que estamos acostumbrados a ver y a construir perfiles donde todo es maravilloso: los impresionantes platos en restaurantes de moda, los innumerables planes, y los viajes a diferentes destinos. Además, si las imágenes donde aparece todo lo anterior no nos convencen visualmente, bastará con otra aplicación para dar un pequeño retoque y mostrarnos relucientes. Esta selección de “lo mejor” tiene dos implicaciones fundamentales: en primer lugar, es muy probable que al comparar esos trocitos maquillados de vida con la nuestra nos sintamos tremendamente frustrados y, en segundo lugar, puede que en la difícil tarea de llegar al nivel de las personas que seguimos, nuestros esfuerzos estén cada vez más encaminados a barnizar nuestro perfil en vez de disfrutar de la comida, los planes y los viajes que posteamos.

¿Cuántos likes valgo? La autoestima es un concepto que se refiere a cómo uno se valora una persona a sí misma. A efectos prácticos, se traduce en la forma en la que pensamos y nos describimos, la forma que tenemos de actuar (segura o insegura) y las emociones hacia nosotros mismos. A diferencia de la confusión que se ha creado en estos últimos años, desde que se puso de moda el concepto autoestima, la evidencia científica confirma que la autoestima se aprende. Es decir, uno no sólo es inseguro y por eso hace ciertas cosas sino que el hecho de hacer ciertas cosas influirá de manera positiva o negativa en la valoración de sí mismo que construye día a día. Otra de las consecuencias de ser seres sociales, es que gran parte de la información que necesitamos para construir una imagen de nosotros mismos suele proceder de los juicios y valoraciones del resto. Por tanto, uno de los peligros a nivel psicológico es depender siempre de los demás para consolidar la valoración que tenemos de nosotros mismos. Las redes sociales, a este respecto, no sólo nos permiten dibujar y tener acceso a imágenes virtuales sino que nos permiten reaccionar, de forma virtual también, al contenido que subimos: likes, retweets, favoritos, etc. Aunque sea tremendamente gratificante a corto plazo recibir una reacción positiva de una importante parte de nuestros seguidores, el peligro está en considerar que algún elemento de nuestra vida “no es suficiente” o “no es tan bueno” si no llegamos obtener la reacción que esperábamos, la reacción que normalmente obtenemos o la reacción que obtiene la gente a la que seguimos. Todo ello puede que hacer que empecemos a tener sentimientos negativos sobre nosotros mismos y no sólo sintamos que valemos menos, sino que incluso adaptemos el contenido de las publicaciones a lo que tenga más probabilidades de tener mejores reacciones a costa de perder lo que realmente nos apetecía compartir.

¿Conectados? ¿Con qué? Uno de los indudables logros de las redes sociales es la posibilidad de ponernos en contacto con multitud de personas con independencia de dónde estén en ese momento. El hecho de superar la frontera física hace que aumenten las interacciones tanto en frecuencia como en tiempo con respecto a las posibilidades de la forma habitual de interacción. Esta gran ventaja supone que podamos estar constantemente relacionándonos mediante las redes sociales. La contrapartida de lo anterior es que precisamente tener la opción constante de relacionarnos sin hacer ningún esfuerzo mayor que mover las manos, puede llevarnos a desconectar del mundo real y no disfrutar al 100% de la presencia de las personas que sí tenemos alrededor. Antes de que las redes aparecieran como complemento o impedimento para relacionarnos, en una situación social percibíamos casi todas las características de inicio a fin. Por ejemplo, si teníamos una cita con alguien en un bonito café de Madrid, en los momentos previos a su llegada estaríamos anticipando cómo sería la situación, cómo iría vestido, si será interesante la conversación o cualquier otro tipo de predicción con respecto a lo que fuera a ocurrir en unos instantes. Cuando llegase, con suerte, disfrutaríamos de una conversación fluida sin más distractores que el olor del café, la música del local y algún que otro pensamiento de carácter privado. Cuando él o ella se fueran, ya en el trayecto de vuelta, estaríamos evocando las sensaciones que hemos sentido durante la velada y pensando qué parte de la conversación nos ha gustado más, si querrá volvernos a ver, si será así de bonito la próxima vez etc. Toda esta idílica situación nada tiene que ver con un contexto en el que de camino a la cita estamos contestando a un correo, durante la conversación nos bombardeen las notificaciones y en el trayecto de vuelta estemos refrescando el time-line de cualquier aplicación. En otras palabras, las redes sociales, aunque nos conecten en cierto sentido con personas que no están presentes en espacio y tiempo, pueden hacer que en las situaciones en las que interactuamos, las sensaciones se empobrezcan perdiendo los matices que hacen memorable una experiencia tan cotidiana como puede ser quedar a tomar un café con alguien.

Hábitos saludables para un buen uso de las redes sociales

Un uso adecuado de las redes sociales garantiza que disfrutemos de todas sus ventajas sin desarrollar las problemáticas psicológicas comentadas anteriormente. Y, aunque hay tantas formas de relacionarse (incluidas las redes sociales) como personas en el mundo, aquí os dejamos una serie de recomendaciones para hacer un buen uso de ellas:

  • No descuides tus otros hobbies (aunque no sean tan fáciles). El hecho de que tengamos algunos ratos muertos en nuestro día a día como los trayectos de un sitio a otro en transporte público, esperar a alguien, hacer un descanso en el estudio o el trabajo, hacen que sea más probable que utilicemos las redes sociales. Esto se debe a las características comentadas anteriormente: son fáciles, rápidas y divertidas. Sin embargo, es beneficioso reservar un espacio a otras formas de disfrutar de nuestro tiempo libre cuando estamos solos como leer, escuchar música o incluso (aunque la sociedad actual nos ponga tantas trabas) reflexionar sobre algún aspecto de nuestra vida (desde qué vamos a cenar hoy a la insoportable levedad del ser).
  • Conéctate con el mundo real. El mundo que nos rodea está lleno de estímulos que pueden provocarnos constantemente un amplio abanico de sensaciones. Sin embargo, las distracciones aparentemente sin importancia que ocurren de forma casi constante, pueden hacer que el foco de atención cambie. Por ello en los momentos donde estés con personas, intenta dejar de lado las llamadas entrantes, los mensajes y los correos electrónicos. Aunque las notificaciones nos imposibiliten prestar atención a otra cosa diferente a las redes, crea un contexto en el que sea difícil que te molesten: pon el móvil en silencio, déjalo en otro sitio diferente o incluso (¡Oh no!) apágalo por un momento para disfrutar de la situación en la que te encuentras. De esta forma, recuperarás todo el abanico de sensaciones que perdemos de forma automática cuando dejamos la las redes sociales inunden la gran parte de nuestros contextos.
  • Tómate un tiempo para evaluar de dónde obtienes la información para construir tu imagen. Si tienes pensamientos del tipo “sólo X likes…”; “nunca tendré una vida como X…”; “no sé por qué no me suben los seguidores…”, dedica un tiempo a identificarlos y a ver en qué medida quieres que esos indicadores formen parte de la imagen que quieres construir. No olvides que, como comentábamos anteriormente, la información con la que te comparas está absolutamente sesgada, por lo que es muy improbable que salgas ganando en todos los procesos de comparación: siempre habrá alguien con más likes, seguidores y un feed más estético que el tuyo. Os animo que hagáis un pequeño ejercicio: piensa en un viaje en el que hayas subido diferentes fotos a las redes sociales. Piensa cuál ha sido el mejor momento del viaje. Ahora accede a las publicaciones de ese viaje. ¿Hay alguna publicación relacionada con ese momento? Si la respuesta es no, reflexiona lo inadecuado de establecer los likes o cualquier otra reacción del medio con base a lo que se lleva o a lo más estético. Puede que la foto de ese idílico atardecer en la playa con el mayor número de likes sea mucho más estética que el mejor momento del viaje, que pudiera ser, por ejemplo, las conversaciones y las risas con tus amigos en un coche de camino a algún destino, la cual es más improbable que subieras por la menor repercusión que obtendría o porque precisamente, por haber sido el mejor momento del viaje, estabas disfrutando tanto de la situación que lo último que pensaste fue inmortalizar dicho momento.
  • Pide ayuda a un profesional si crees que la forma de relacionarte con las redes sociales está interfiriendo en tu vida. La buena noticia es que de la misma forma que has aprendido a relacionarte con las redes, un profesional puede hacer que desaprendas esas conductas desadaptativas y construyas una nueva forma sana de disfrutar de las innumerables ventajas que las redes nos ofrecen haciendo que desarrolles las habilidades adecuadas y disfrutar de todas las situaciones sin perder ningún detalle que nos pueda poner en contacto más tiempo y con mayor sensaciones.

Carolina Trujillo
Alumna Promoción 2017-2019

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