Me encuentro mal… Dos rutas posibles: Modelo biomédico vs. Modelo Psicológico

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Una historia que se repite…

Imaginémonos a José. José tiene una vida como otra cualquiera: un trabajo, pareja, un círculo social… Sin embargo, desde hace unos meses, le cuesta dormir bien, tiene dificultades para concentrarse, rinde menos en su trabajo, se estresa con facilidad, está irritable, ya no disfruta, cada vez le cuesta más hacer todo, y su pareja y sus amigos están preocupados por él.

Como no se encuentra bien, acude a su médico de cabecera. Este, tras comprobar que sus analíticas están bien, le deriva al psiquiatra. La psiquiatra le hace algunas preguntas a José y comprueba sus respuestas con una lista de síntomas de un manual diagnóstico para ver donde encaja mejor la descripción de José. Entonces, emite un diagnóstico y receta la medicación correspondiente. José se va a casa con su diagnóstico y su receta, y comienza a tomar la medicación. Al principio, nota una leve mejoría, pero según pasan los meses el problema de fondo persiste.

Cuando pregunta e indaga más acerca de su diagnóstico, la información que recibe es que su cerebro no está funcionando correctamente: hay una alteración en ciertas sustancias químicas de ciertas áreas del cerebro. Los científicos aún no saben con exactitud qué químicos fallan o en qué zonas concretamente, pero es que el cerebro es un órgano muy complejo y aún se está investigando. Pero, definitivamente, hay un problema con su cerebro y, tomando la medicación apropiada, el problema se solucionará.

En resumen, lo que le dicen a José es que su problema psicológico, es decir, la dificultad que está teniendo con lo que hace, lo que piensa y cómo se siente, tiene una causa biológica. Esto es lo que llamamos el modelo biomédico. Y está bastante presente en la atención sanitaria actual.

 

 

Otro enfoque es posible

Sin embargo, este no es el único enfoque que existe para abordar los problemas psicológicos. Otro enfoque, dentro de la psicología, afirma que hemos aprendido a comportarnos de la forma en que lo hacemos. Cuando hablamos de comportamiento, no nos referimos solo a lo que hacemos (y es observable), sino que incluye también lo que pensamos y cómo reaccionamos a lo que sentimos.

A lo largo de nuestras vidas, aprendemos constantemente de las experiencias que vivimos. Estos aprendizajes no son, necesariamente, intencionados ni conscientes. Sin embargo, determinan cómo nos comportamos en nuestras circunstancias actuales. Si en el pasado hemos aprendido formas de comportarnos que, en la actualidad, resultan útiles, nos encontraremos bien. Pero si las experiencias que hemos vivido no nos han permitido desarrollar las herramientas apropiadas, puede que nuestro comportamiento no sea el más ajustado a nuestras circunstancias actuales, dando lugar a una fuente de sufrimiento. También puede ocurrir que sí hayamos adquirido las herramientas necesarias, pero no hayamos aprendido a ponerlas en práctica en los contextos adecuados, generando así un problema.

El aprendizaje de esos comportamientos se explica mediante unas leyes ampliamente probadas científicamente. Los psicólogos trabajan analizando cómo se aprendieron esos comportamientos y cómo se mantienen. El objetivo de una intervención psicológica, entonces, es aprender a comportarse de una forma diferente, alternativa, que solucione el problema. Este objetivo se consigue aplicando unas técnicas y siguiendo unas pautas que están basadas en las leyes de aprendizaje y que están probadas científicamente.

Este es el modelo psicológico. Desde este enfoque se considera que el aspecto biológico puede ser un factor relevante en ciertos casos y se tiene en consideración a la hora de hacer el análisis de la situación, pero, a diferencia del modelo biomédico, no se considera que este sea la única causa del problema. De hecho, en muchas ocasiones el problema médico es consecuencia del comportamiento de la persona. No nos referimos solo a casos en los que, por ejemplo, el consumo de drogas, como alcohol o tabaco, o una alimentación poco adecuada están teniendo unas consecuencias graves en la persona. Sino que, además, las formas en las que el estrés mal gestionado o la ansiedad se reflejan en nuestro cuerpo son casi innumerables: desde problemas digestivos de todo tipo a contracturas musculares, dolores de cabeza o insomnio. Cómo gestionamos nuestras emociones y lo que hacemos tiene un gran impacto en nuestro cuerpo, más del que a menudo solemos atribuir. Y, aun cuando la base del problema es una cuestión biológica o médica, hay muchas cosas que el individuo puede hacer para convivir mejor con ese problema, muchas estrategias que aplicar para que esa dificultad no suponga una interferencia en el día a día.

 

 

Las ventajas y desventajas

Una de las ventajas que se ve al modelo biomédico es que libera de mucha responsabilidad a la persona que sufre el problema. Con el estigma que aún existe hoy en día acerca de los problemas psicológicos, aceptar la reacción que tienen las personas del entorno cuando se cuenta que hay un problema no es nada fácil. Algunas personas reaccionan como si los problemas psicológicos fuesen una muestra de gran debilidad de carácter. Por eso, si el problema está en el cerebro, al igual que si fuese cualquier otro problema médico, no es “culpa” de la persona, sino que es víctima de que su cuerpo no funcione correctamente. Sin embargo, esta forma de eximir de responsabilidad a la persona es un arma de doble filo. Intentando disipar la culpabilidad, también se le arrebata a la persona el empoderamiento que necesita para cambiar: el problema se convierte en algo incontrolable y permanente. Esto suele llevar a una actitud muy pasiva por parte del individuo que sufre el problema, en la que no se hace nada por cambiar, ya que considera que no es algo que esté unas su mano. Además, algunas etiquetas de trastornos psicológicos conllevan un estigma social que también puede generar muchos problemas y sufrimiento a la persona.

La cuestión es que, como señalábamos antes, en muchas ocasiones el problema no es biológico y no se soluciona con la medicación, sino que se trata de la forma de comportarse del individuo. Pero, y esto es muy importante, el que se trate de un problema de comportamiento no quiere decir que sea “culpa” del individuo, en absoluto. Y el que sea un comportamiento aprendido no implica, para nada, que sea elegido. Por ejemplo: Si un día nuestro José hubiese quedado encerrado en un ascensor y hubiese pasado un rato muy angustioso hasta que hubiese conseguido salir, y desde entonces hubiese preferido subir las escaleras siempre y le pusiese nervioso coger un ascensor, no es que José haya elegido tenerle miedo al ascensor, es algo que ha aprendido. Esto es, obviamente, un ejemplo muy simplificado. Pero hasta los problemas más complejos, como una tristeza muy profunda o una crisis existencial, pueden desgranarse en los mismos principios de aprendizaje y solucionarse mediante técnicas avaladas por la evidencia científica.

Además, debemos resaltar que el enfoque biomédico ha traído avances importantísimos y de gran utilidad. Desarrollar herramientas que nos permiten entender cómo funciona el cerebro es clave e imprescindible en muchos ámbitos: cuando hablamos de lesiones cerebrales, de procesos degenerativos (como demencia), etc. El comprender lo que está ocurriendo con exactitud en estos casos nos permite desarrollar técnicas y tratamientos más eficaces. Por otro lado, en algunos problemas psicológicos la medicación es imprescindible para estabilizar la situación y que el psicólogo pueda comenzar a trabajar. No obstante, la aplicación de un enfoque biomédico a problemas psicológicos, relacionados con lo que hacen las personas, cómo se sienten y lo que piensan, puede ser contraproducente.

En resumen, desde la perspectiva del modelo biomédico, se cree que la causa de un problema psicológico reside en un mal funcionamiento en el cerebro. Sin embargo, el modelo psicológico ofrece otro enfoque, considerando que, si una persona está sufriendo, es porque ha aprendido a comportarse de una manera que ahora no se adapta a sus circunstancias. Desde esta perspectiva, el problema puede resolverse con la ayuda de un psicólogo profesional, quien puede mostrar a la persona su patrón de comportamiento problemático y, además, enseñarle a comportarse de una manera más beneficiosa, siempre mediante técnicas basadas en la evidencia científica.

 

Eva Franco Blanco

Amalie Akero Hylland 

Giovanni  Bunaes 

Sara Thune  

Antonie Voster

Alumnos del practicum del Grado de Psicología de la Universidad Europea de Madrid (2019)

 

Bibliografía

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