Joker: más allá de las risas

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            No ha dejado a nadie indiferente. La película protagonizada por Joaquin Phoenix, que se centra en los orígenes del príncipe payaso del crimen, ha cautivado tanto a lectores habituales del cómic como a espectadores que descubrían al personaje por primera vez. La cinta ha recibido una gran acogida por parte de crítica y público, habiendo quienes la califican como mejor película del año (por delante incluso de Vengadores: Endgame, que ostenta el récord de mayor recaudación de la historia del cine) y haciéndose notar de cara a las nominaciones en la próxima edición de los Oscar.

Además, esta película ha generado un debate a nivel social sobre el tratamiento de la salud mental, los recursos destinados a ésta y el estigma asociado a las personas que podrían beneficiarse de recibir tratamiento psicológico, ya sea por un caso de enfermedad mental grave o por problemas leves de adaptación a la vida cotidiana. Por ello, hemos pensado que sería interesante analizar el comportamiento de este villano desde el punto de vista del análisis de la conducta, y tratar de comprender qué le ha llevado a ser calificado como tal. Aviso a navegantes, ¡ALERTA SPOILERS! Si no has visto la película, y te recomendamos que lo hagas, será mejor que pares de leer en este instante.

Para empezar a comprender a Arthur (que aún no se ha convertido en el Joker), es necesario tener en cuenta una serie de variables que han sido el caldo de cultivo para forjar la personalidad del personaje que se nos presenta al principio de la película. Arthur llama la atención desde el principio por su peculiar aspecto físico, excesivamente delgado, la espalda arqueada y un rostro que parece de todo menos saludable. Después, su forma de expresarse y sus gestos nos confirman su rareza, lo que nos lleva a lo más llamativo de todo: su tendencia a reírse en situaciones inapropiadas, algo que, según se menciona, es producto de un trastorno mental grave o una lesión neurológica, con su consiguiente estigma social.

Debido a la discriminación que sufre por esta condición, Arthur se encuentra aislado socialmente. No cae bien a sus compañeros de trabajo, que le consideran un “bicho raro”, y no recibe la atención psicológica adecuada, que se reduce a unas sesiones esporádicas con una trabajadora social que le escucha vagamente. La única persona con la que comparte un vínculo emocional es su madre, la cual también tiene una enfermedad grave que le impide salir de casa, con la televisión como única ventana al exterior, y de la que él siente que debe hacerse cargo y mantener, pese a que cuentan con pocos medios económicos. Ésta, además, vive obsesionada con la idea de recibir ayuda por parte de uno de los hombres más ricos de la ciudad para el que trabajó en el pasado, el empresario y candidato a alcalde Thomas Wayne, al que envía una carta detrás de otra.

 

 

A este caldo de cultivo personal se le suma la situación de crisis sanitaria, económica y política que atraviesa la ciudad de Gotham, en la que los ricos y poderosos acaparan todos los recursos y abusan de los menos afortunados, dejando a la población en un estado de desesperación donde pululan la violencia y el crimen e impera la ley del más fuerte, como puede verse en el grupo de chavales que agreden a Arthur al principio. Esto le lleva a querer defenderse, aceptando el arma que le ofrece su compañero de trabajo, que más tarde le traiciona desentendiéndose y que acaba siendo la causa de su despido.

Con todo, Arthur es una persona tremendamente desdichada e infeliz, por mucho que su madre insista en que “ha llegado al mundo para repartir sonrisas y alegría a la gente”. Ni siquiera es capaz de expresar su tristeza o su miedo, ya que en los momentos en los que desearía hacerlo lo único que le nace es reír descontroladamente.

 

Entendiendo su comportamiento

Desde el principio Arthur es atacado violentamente. Primero, responde pasivamente, sin defenderse. Esta conducta pasiva se ve gravemente castigada porque las palizas no cesan y parece que cada vez van a más, dejándole en una situación de indefensión y falta de control. Pero, ¿qué ocurre cuando Arthur se toma la justicia por su mano? Por ejemplo, en la escena del metro, dispara a los tres ejecutivos que le estaban golpeando en el suelo. En este caso, no solo comprueba que la conducta de matar le resulta útil (ya que dejan de darle una paliza, evidentemente) sino que días después descubre que la gente aplaude ese comportamiento, convirtiéndose en una especie de “héroe del pueblo”. De esta forma, la conducta se ve «reforzada» desde el punto de vista psicológico, lo que alude a que, al resultar útil la conducta favorece su adquisición y repetición. En este caso decimos que se refuerza negativamente al eliminar una estimulación desagradable para la persona (Comprueba que a través de la violencia dejan de pegarle, humillarle y meterse con él) y positivamente (al obtener atención, apoyo e incluso, veneración).

Por otro lado, la medicación que toma Arthur, le hace sentirse apagado y triste. Cuando decide dejar de tomarla se da cuenta de que se siente mucho más animado. Esta consecuencia positiva derivada de su conducta funciona como lo que en psicología se denomina “refuerzo positivo” (R+) y aumenta la probabilidad de volver a repetir la conducta, como de hecho ocurre en el caso de Arthur, que deja definitivamente la medicación, agravándose sus síntomas.

En cuanto a la relación con su madre, llega un punto en el que descubre la verdad sobre su infancia: sufrió graves abusos por parte del novio de ella y no hizo nada por defenderlo. Esto le lleva a querer castigarla, ahogándola con la almohada. De esta manera, siente la satisfacción de haberse vengado (nuevamente un refuerzo positivo) y el desahogo de su rabia (En este caso, Arthur logra reducir un estado emocional negativo, lo que en psicología se conoce como “refuerzo negativo” (R-) y al resultar algo satisfactorio para la persona, nuevamente aumenta la probabilidad de recurrir a esas conductas en el futuro como vía de desahogo).

Recordemos que Arthur es una persona que apenas tiene estímulos positivos en su día a día, por tanto cuando conoce a Sophie, su vecina, y ella es amable con él, Arthur se imagina que empieza una relación con ella. No queda claro hasta qué punto él es consciente de que esto es producto de su imaginación, pero en cualquier caso, esta fantasía se ve reforzada positivamente al sentirse querido y valorado. Más adelante, cuando Arthur (ya en proceso de convertirse en el Joker) entra en casa de Sophie y ésta reacciona aterrorizada e intenta hacer que se marche, es la gota que colma el vaso de la locura de Arthur. Termina de caer en la violencia y en el caos. Se ha convertido en el Joker. Esto se ve reforzado negativamente por el desahogo de su frustración, y positivamente por la sensación de toma de control de la situación.

Cuando todavía es Arthur, se rige en parte por una “brújula” moral, en la que si considera que alguien se ha portado bien con él, le perdona la vida. Al convertirse definitivamente en el Joker termina matando por placer, como se ve cuando le invitan al programa de televisión y dispara a sangre fría al presentador y a cualquiera que se le cruce. Se desencadena entonces una especie de revolución en la que la gente de la ciudad lo aclama como un héroe. La violencia se ha condicionado apetitivamente, ya que le provoca emociones positivas y la sensación de control y poder.

 

 

Hemos querido establecer esta diferencia entre Arthur y Joker como forma de dejar constancia de que existe un patrón de conducta diferencial entre ambos. Sin embargo, nos gustaría dejar claro que esa distinción es artificial, pues no se trata de personalidades diferentes, sino de una misma persona que ha ido modificando su repertorio de conducta moldeado por las contingencias que va viviendo y en el marco de lo que en psicología se llama “variables disposicionales”, que aludirían a las circunstancias personales, sociales y orgánicas que influyen en cómo la persona responde ante el medio. El fin último de Arthur es la adaptación a un contexto hostil, en el que el repertorio de conductas que representa al Joker, ha resultado ser el más beneficioso.

En conclusión, es una película que muestra constantemente el contraste entre ricos y pobres y la dificultad de acceso a los recursos por parte de las personas de a pie. En este contexto, el Joker se alza como el héroe de los pobres mediante el uso de la violencia, lo que al final desemboca en el asesinato de Thomas Wayne y su mujer delante de su hijo, Bruce Wayne. De esta tragedia surge el verdadero héroe, que defiende a todos por igual: El caballero oscuro. Pero… quien ríe el último, ríe mejor.

 

Alumnas del practicum del MPGS de la Universidad Europea de Madrid (2019-2020)

Marta Rodríguez Pizarro

María Teresa Carrasco Pérez

 

 

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