Elige bien tus palabras

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Piensa en “amistad”. ¿Qué tipo de sentimientos y sensaciones te vienen con esta palabra? Tal vez han venido a tu mente algunos recuerdos con tus amigos y esto te ha producido una sensación agradable, evocando momentos felices y de plenitud…
Y ahora, ¿qué sientes cuando lees la palabra “muerte”? ¿Qué se te pasa por la cabeza? ¿Tus pensamientos alegres y risueños han desaparecido? No puedo adivinar cuáles son las palabras que cruzan tu mente, pero apuesto que la sensación es desagradable e incluso melancólica. ¿Por qué estas dos palabras vienen con sensaciones tan diferentes? Es porque amistad y muerte pertenece distintas categorías en tu sistema semántico.

Nuestro cerebro se ha desarrollado durante miles de años. Una de las estrategias que hemos encontrado más útiles para nuestra supervivencia es categorizar nuestro entorno, juzgar rápidamente y etiquetar las cosas. Esto sirve para protegernos contra la saturación de estímulos, elegir la información más importante, aprender con rapidez, responder a las situaciones de una manera adecuada y, a la vez, ahorrar energía.

No obstante, la categorización es “humana”, sesgada por la inexperiencia, los prejuicios y los estereotipos. Hay un margen de error en la categorización porque estamos encasillando basándonos en nuestra experiencia subjetiva, que es un conocimiento parcial y limitado. Por ejemplo, lo que yo entiendo por “amistad” y “muerte” puede diferir de tu comprensión de ellas. Sin embargo, lo más significativo para nuestra supervivencia ha sido conseguir una interacción suficientemente eficaz y operativa con el entorno.

“¿Cómo está esto relacionado con la psicología?” estarás pensando. Pues porque, en la actualidad, muchos psicólogos están usando un manual diagnóstico, el DSM-5, que categoriza y etiqueta nuestro comportamiento. Con el aumento de los trastornos psicológicos en muchos países en el mundo, las categorías y etiquetas del DSM-5 se han convertido en parte de nuestro vocabulario cotidiano. Por ejemplo, hoy en día es frecuente escuchar términos como “deprimido” o “bipolar” para describir simplemente un estado anímico o para referirse a cualidades de personalidad.

 

 

¿Qué aspectos positivos han venido con esta clasificación de DSM-5?

  • Es una herramienta de intercambio de información y un lenguaje entre profesionales en la psicología.
  • Ha facilitado el avance del conocimiento de los trastornos mentales alrededor del mundo.
  • Nos ayuda a crear un entorno coherente y organizado.
  • Ha facilitado la recogida de información médica para estudiar el tratamiento de pacientes con un determinado diagnóstico.
  • Ha hecho posible establecer seguros de salud que cubren las visitas al psicólogo o al psiquiatra. Estas categorías diagnósticas permiten el acceso a ayudas en la seguridad social. Esto facilita que la gente pueda buscar y acudir a un profesional si tiene un problema psicológico. Es decir, se ha puesto la salud psicológica en la agenda (y poco a poco vamos tomando este concepto en serio).
  • Da un nombre a lo que ocurre. El ser humano busca un sentido y una razón a su sufrimiento, así que dar un nombre al problema puede tranquilizar mucho a la persona que acude a terapia. Saber que no se es el único puede ser un gran alivio para muchas personas. De la misma manera, asignar una etiqueta puede servir como apoyo y facilitar la comunicación.

A pesar de las cosas positivas, hay un coste de todo esto. Las etiquetas en general, pero especialmente en la psicología, vienen con algunos inconvenientes que deberíamos tener en cuenta.

 

¿Qué inconvenientes presentan las etiquetas diagnósticas del DSM-V?

  • Puede favorecer el estigma que se crea en torno a los problemas psicológicos.
  • Existen muchos estereotipos relacionados con las etiquetas que son erróneos.
  • Hay ciertos problemas a nivel de concepto: en ocasiones se interpreta que la etiqueta del DSM-V asignada implica que algo funciona mal dentro de la persona y que esto es inmutable. Sin embargo, los problemas psicológicos no tienen nada que ver con esto.
  • Las etiquetas no son fáciles de quitar, deberíamos evitar su mal uso.
  • Un diagnóstico no explica la causa del problema, sino que lo describe.
  • No encontrarse bien a veces, y experimentar subidas y bajadas en el estado anímico es normal. Tener, por ejemplo, ansiedad, no es algo fijo e inherente a la persona, sino que se trata de algo aprendido y tiene una solución. Es decir, tu estado anímico se puede modificar y podemos mejorar nuestras vidas con las técnicas adecuadas.
  • En muchas ocasiones la etiqueta es reductora, el diagnóstico y la clasificación conllevan sucesivas pérdidas de información. Todos los seres humanos son únicos y necesitan una evaluación individualizada.
  • Las etiquetas clínicas son diferentes de las que usamos en nuestra forma de hablar coloquial, pero a menudo se mezclan.

El problema no está en etiquetas, sí o sí. Categorizar o reconocer es una habilidad inherente que es útil y necesaria para nuestra supervivencia y nuestro mundo. No queremos quitar todas las categorías y etiquetas para quedarnos con un mundo desorganizado y caótico. La cuestión no es deshacerse completamente de lo viejo, eso sería improbable, sino evitar darles un mal uso. Con lo cual, tenemos que ser conscientes y cuidar nuestro lenguaje para no cometer tantos errores como ahora. Los profesionales tienen que luchar por la ciencia y los avances para que no sigamos criterios poco adecuados, como es común actualmente en demasiados casos. Y los ciudadanos de a pie tenemos que tomar la decisión de ser más que una etiqueta o una categoría. Confiar en nosotros mismos y en nuestra capacidad para cambiar. Porque mejorar es posible y hay soluciones para disminuir el sufrimiento.

 

Eva Franco Blanco

Amalie Akero Hylland 

Giovanni  Bunaes 

Sara Thune  

Antonie Voster

Alumnos del practicum del Grado de Psicología de la Universidad Europea de Madrid (2019)

 

Referencias

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Luque Durán, J. D. (2001) Aspectos universales y particulares del léxico de las lenguas del mundo. Seria Granda Linguística. Granada, Universidad Diputación.
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