Cuando el juego es el problema

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¿Qué entendemos por problema de juego? ¿Una persona que juega todos los años en la lotería de Navidad es un ludópata? ¿Y el que gasta más dinero que el que tiene? ¿Es una enfermedad? ¿Significa que la persona tiene un déficit en el control de impulsos? ¿Es crónico? ¿Se puede curar?

Los problemas de juego se han etiquetado y clasificado de muchas maneras a lo largo de los años, principalmente como enfermedades mentales crónicas. Sin entrar en profundidad en las consecuencias indeseables que las etiquetas diagnósticas y el modelo médico presentan para los problemas psicológicos (véase, pseudoexplicaciones tautológicas: juega porque es un ludópata y es un ludópata porque juega; estigmatización de las personas y cronificación de los problemas), el mayor problema reside en que no nos ayudan a entender las causas que explican cómo se empezó a generar el problema y cómo éste se mantiene en la actualidad, por lo que tampoco nos ayudan a diseñar la intervención más óptima para la persona que tenemos delante. Como defendemos siempre, los manuales y protocolos en psicología no sirven como intervención generalizada para todo el mundo, ya que, aunque en algunos niveles estamos sometidos a influencias ambientales similares, también son muchas las experiencias distintivas que tenemos y los ambientes en los que nos desarrollamos a lo largo de nuestra vida. Por ello, se hace imprescindible el análisis funcional de la conducta, herramienta que nos permite establecer cuáles son las variables que influyen y determinan el origen y mantenimiento de las conductas problema, así como diseñar la intervención más adecuada para cada caso particular.

 


 

Es importante destacar que un problema de juego, como cualquier problema psicológico, es un problema de conducta que se ha ido aprendiendo a lo largo del tiempo, e igual que se ha aprendido, se puede modificar. El que sea un problema o no dependerá de muchos factores, como la finalidad de las conductas (recreativas, sociales, alivio del malestar, escape de los problemas cotidianos, etc.), de la frecuencia de las mismas y de la interferencia que generen en la vida cotidiana de la persona o de terceros. De este modo, una persona que juegue lotería de Navidad no tiene por qué desarrollar un problema de juego, así como tampoco alguien que vaya con sus amigos de vez en cuando al casino para divertirse. Sin embargo, por ejemplo, alguien que no pueda evitar jugar, que luego se sienta culpable o triste, piense en ello de forma recurrente, empiece a gastar mucho tiempo y dinero (incluso dinero prestado o robado), sí tendría un problema, ya que el nivel de interferencia en su vida es claro (probablemente tenga problemas económicos, familiares, laborales, etc.), independientemente de que lo reconozca o no de forma explícita. Sin embargo, considerar que existe un problema sin etiquetarlo como adicción, déficit de control de impulsos, ludopatía, etc., no significa que no tenga importancia y que no haya que trabajar sobre él. Precisamente por considerarlo como lo que es, un problema de aprendizaje, y centrarnos en cuáles son los comportamientos problemáticos, podremos poner en el asador todos los recursos necesarios que permitan que la persona aprenda a gestionar esas dificultades de una forma distinta, con más control y autonomía según transcurra el proceso de intervención psicológica. Con comportamiento nos referimos tanto a aquellas conductas observables como a la manera de pensar (pensar entendido como un hablar con nosotros mismos) y sentir; en resumen, de relacionarnos con nosotros mismos, con otros y con nuestro entorno, en el cual se incluye el juego. No es una enfermedad que se cura, sino un problema que se resuelve.

 

 

Factores que influyen en el origen y mantenimiento de un problema de juego

 Una vez tenemos claro que ningún caso es igual que otro, es importante destacar algunas de las variables ambientales que pueden influir en el origen de un problema de juego, generando el caldo de cultivo idóneo para el posterior desarrollo y mantenimiento del mismo:

  • Publicidad masiva. Constantemente estamos sometidos a multitud de anuncios en los que famosos con un alto nivel de credibilidad y características atractivas nos incitan a participar en distintos juegos de apuestas deportivas, casinos, juegos online, etc. Nos prometen explícita o implícitamente que es divertido, seguro y que siempre tendremos el control de la situación, mientras aparecen personas pasándoselo bien y ganando dinero. Todo es facilísimo al principio, ¡incluso te dan 200 euros para empezar! Tú solo tienes que descargarte la App y disfrutar. Es fácil, accesible, rápido e inmediato. Justo son estas consecuencias que siguen de forma inmediata a las conductas de juego lo que hacen que éstas se repitan de nuevo. Técnicamente, decimos que se han reforzado. Nos acaban de introducir en el ambiente: ya estamos dentro.
  • También en las calles. Esta accesibilidad e inmediatez que nos permiten las Apps también se reproduce en las calles. Cada vez hay más casas de apuestas y salas de juegos, especialmente en los barrios más pobres. ¿Te sorprende? Lo cierto es que estos problemas se relacionan en mayor medida con las personas que tienen menos recursos económicos y socioculturales, lo que ocurre también, por ejemplo, con los problemas de obesidad. Se entiende que personas con problemas económicos tiendan a pensar que jugando van a ganar de repente mucho dinero y van a solucionar así estos problemas. Pero lo cierto es que la banca nunca pierde. De hecho, lo peor que te puede pasar es jugar un día por probar, por pasar un rato… y de repente ganar. Cuanto más inmediato y contingente sea ganar a la conducta de jugar más probabilidad hay de que ésta se vuelva a repetir. Querrás volver a jugar y finalmente volverás a perder. Pero pronto volverás a recuperar parte del dinero, y de nuevo a perder. Este tipo de refuerzo, conocido como refuerzo intermitente, es el que genera las respuestas más resistentes y difíciles de modificar. Piénsalo un momento. Si ganases siempre, las empresas no ganarían dinero, y las empresas existen, principalmente, para ganar dinero. Por el contrario, si siempre perdieses, te cansarías pronto de jugar y dejarías de invertir tu dinero, por lo que la empresa también dejaría de obtener beneficios. Así que esto tampoco interesa. Entonces, la mejor opción es la del refuerzo intermitente, así cuando pierdas seguirás jugando porque nunca sabes cuándo puedes volver a ganar. Sin embargo, cada vez pierdes más dinero porque (¡recuerda!) la banca siempre gana.
  • Propiedades del juego y del contexto. Además de la fácil accesibilidad que tenemos para jugar tanto en la calle como a través de la red, el juego tiene una serie de propiedades que lo hacen especialmente apetitivo o atractivo. Aunque existen diferencias entre las tragaperras, el casino, el bingo, las apuestas deportivas, etc., en general comparten una serie de características: prometen recompensas inmediatas; crean ilusión de control, lo que podríamos explicar por condicionamientos supersticiosos (he ganado porque he mirado al suelo justo un segundo antes de que la bola saliese) que dificultan que después sean difíciles de cambiar y sigan influyendo en la conducta de juego; hay muchos colores y sonidos llamativos y de gran intensidad, como imágenes de billetes o sonidos de monedas; y son absorbentes y potentes distractores (resultan divertidos e interesantes, permiten disfrutar de experiencias y momentos con amigos, así como la evasión de los problemas por un tiempo). Además, los sitios de juego presenciales suelen tener interesantes ofertas de comidas y bebidas para que te animes a entrar. Vamos, que te sale tirado de precio merendar allí con tus amigos y jugar unas apuestas. El consumo de alcohol dificulta que tomes buenas decisiones y pienses en las consecuencias de tus comportamientos, por lo que no sorprende que esté tan accesible y disponible en estos lugares.
  • El juego como supuesta solución a los problemas generados. Poco a poco, si se desarrolla un problema de juego, la persona va perdiendo poder adquisitivo y es posible que empiece a desarrollar otros problemas familiares y sociales derivados del mismo (mentiras, robos, discusiones, desahucios, etc.). Al problema de las deudas se le unen así otros muchos, y puede que la persona no tenga habilidades ni recursos para gestionar tales dificultades. En estos momentos es muy común tratar de solucionar los problemas económicos jugando más, anticipando que en algún momento recuperarán lo que han perdido y solucionarán así todos sus problemas. No obstante, como decíamos antes, esto nunca ocurre; la banca siempre gana y la persona se endeuda aún más. Pueden aparecen problemas de estado de ánimo, de falta de autoestima, sueño, consumo de fármacos, alcohol y drogas, etc. Por ello, estas conductas también suelen ser objeto de intervención en la práctica clínica. También puede ocurrir que las personas presenten problemas previos de cualquier tipo (por ejemplo, falta de satisfacción vital, pérdida de empleo, dificultades para relacionarse con otras personas, falta de actividades gratificantes y aficiones, etc.) y las conductas de juego aparezcan después como un intento de adaptación o solución. En cada caso, habrá que establecer cómo se han ido desarrollando los comportamientos problemáticos (de juego y de otro tipo, y cómo se relacionan unos con otros) para establecer unas pautas específicas y ajustadas a la persona.

A veces es complicado encontrar por uno mismo la solución, por lo que si crees que estás desarrollando un problema de juego o éste te está generando otros problemas derivados, no dudes en ponerte en manos de un buen profesional. No dejes que el juego se convierta en el problema.

 

Rocío Castaño
Alumna Promoción 2017-2019

 

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